
Reposa el día en tus ojos,
pupilas de sierra, corazón al partir.
Rostro de témpano, marchas
sin haber visto mis alas batir.
La vida es corta, efímero tu sentir.
Me tomas la mano, mi más
férrea coraza fundida entonces por ti.
El universo ahora a tus espaldas,
¿Qué importa lo que pueda escribir?
La vida es poesía, y la poesía huye de mi.
Cabizbajo y meditabundo,
haces el tiempo pasar, nulos los segundos,
yaces ahora en mi mar.
Prisionero del ocaso, cavilas en tu sueño
de quimera, propaso.
Prisionera de tu alma, que enjutas
Vuestras mares ahora piden calma;
pero mar quebró cantera,
y no libera lo que atrapa.
Así yo sola moraré en el estío,
Sin tu mar, sin tu sal: tú solo escapa,
pues nunca oyó el ángel que mata,
voz más convincente y sincera,
que aquella que al Sol cantaba
en tus noches de marea.
pupilas de sierra, corazón al partir.
Rostro de témpano, marchas
sin haber visto mis alas batir.
La vida es corta, efímero tu sentir.
Me tomas la mano, mi más
férrea coraza fundida entonces por ti.
El universo ahora a tus espaldas,
¿Qué importa lo que pueda escribir?
La vida es poesía, y la poesía huye de mi.
Cabizbajo y meditabundo,
haces el tiempo pasar, nulos los segundos,
yaces ahora en mi mar.
Prisionero del ocaso, cavilas en tu sueño
de quimera, propaso.
Prisionera de tu alma, que enjutas
Vuestras mares ahora piden calma;
pero mar quebró cantera,
y no libera lo que atrapa.
Así yo sola moraré en el estío,
Sin tu mar, sin tu sal: tú solo escapa,
pues nunca oyó el ángel que mata,
voz más convincente y sincera,
que aquella que al Sol cantaba
en tus noches de marea.